Muchas fueron las formas de construir las iglesias a lo largo del tiempo y en las diferentes culturas, pero lo cierto es que nunca, de una manera tan explícita, la arquitectura adquiere un carácter simbólico y apela a las emociones humanas. Desde la más humilde hasta la más soberbia, invitan, cada una a su manera, a experimentar un encuentro con el Señor.
Al realizar un recorrido por las iglesias de Bariloche pueden apreciarse distintas temperaturas de la relación del hombre con Dios mediatizadas por la arquitectura.
La Catedral se alza imponente sobre la Av. Costanera y atrae la atención de todos los turistas; aunque es en La Inmaculada Concepción, en Elflein y Beschdtedt, donde palpita el ritmo de la ciudad. Quizás se deba esto a que fue la primera iglesia católica construida en Bariloche, el 31 de diciembre de 1906 o probablemente sea porque posibilita un encuentro más íntimo, a través de la calidez de la madera y sus reducidas dimensiones.
Al pensar las iglesias sobre lo primero que hay que reflexionar es en función de quiénes y con qué espíritu fueron construidas, sólo después llega el turno de lo meramente arquitectónico. "Para mí un templo hoy tiene que ver con la nada; tendría que ser minimalista; porque el tema es invisible, está dentro del corazón de cada uno", expresa el arquitecto José Orol.
Y en esto radica la cuestión fundamental a la hora de pensar la construcción de una iglesia. Cómo se expresa lo sobrenatural: ¿a través del lujo o la magnificencia? o ¿recurriendo a la sencillez y a lo abstracto? La respuesta a esta pregunta y el contexto en el que se inscribió la obra contribuyen de manera esencial a la determinación del estilo del templo.
Un poco de historia
El P. Nicolás Mascardi fundó la primera misión en la zona del Nahuel Huapi, al levantar una modesta capilla en la Península Huemul, aproximadamente en 1670. Otros misioneros llegaron posteriormente, pero el rol decisivo en el establecimiento de la fe cristiana en esta zona fue desempeñado por el Padre Zacarías Genghini, impulsor de la construcción de la primera capilla de Bariloche.
En 1906 comenzaron las tareas, contratando la obra con Primo Capraro, pero diversos contratiempos demoraron la bendición de la piedra fundamental hasta el 27 de febrero de 1907. Finalmente la capilla de la Inmaculada Concepción estuvo lista el 17 de agosto de ese año y el 19 de abril del año siguiente fue bendecida oficialmente por el padre Domingo Milanesio, que por entonces estaba al frente de la casa de Junín de los Andes.
La capilla original no estaba en su actual emplazamiento, sino en la calle Moreno. En 1973 fue declarada Monumento Histórico y trasladada mediante rieles tendidos en la ladera hasta su ubicación actual. Originalmente sólo tenía una nave central, con techo a dos aguas; pero en 1951 se anexaron las naves laterales, con cubierta a una agua de poca pendiente.
Durante 1981 se le hicieron algunas reformas que afectaron fundamentalmente el aspecto de materiales y carpinterías originales. Los pisos interiores de madera fueron reemplazados por cerámica roja; las tejuelas de la fachada, de cabeza circular, dieron paso a tejuelas nuevas de cabeza triangular. Las carpinerías son de madera y la bóveda central, de cañón corrido machimbrado.
Situada en una loma rodeada por abundante vegetación y en un entorno tranquilo, invita desde un principio a la reflexión y posibilita un encuentro verdaderamente íntimo con la divinidad.
Muy distinta es la sensación que se produce al entrar a la Catedral, no sólo por su majestuosidad, sino también por su estratégica ubicación, en el circuito turístico de la ciudad. Promediando la década del '30 el objetivo del gobierno era impulsar el desarrollo turístico en Bariloche, tarea que fue llevada adelante por la Dirección de Parques Nacionales. Para esto fue necesario proveer a la zona de la infraestructura y los servicios necesarios, lo que llevó a la pequeña aldea de entonces al nivel de un centro turístico internacional.
Arquitectónicamente la escala fue modificada para construir obras de gran envergadura, incluso con características neo-góticas y neoclásicas, no identificadas totalmente con el entorno. Atrás quedaba la modesta imagen de entonces. "Un Bariloche con grandes hoteles, etc. y sin una iglesia -que nadie la hubiera hecho al menos por muchos años- estaba algo más allá de lo razonable. La pequeña capillita construida en madera por los salesianos, no podía ya satisfacer la fe de la población que crecía a ritmo acelerado" .
Así, E. Bustillo proyectó la construcción del Templo Mayor Nuestra Señora del Nahuel Huapi. Una comisión de damas estaba encargada de recaudar los fondos; aunque por la envergadura de la obra sólo se reunió lo necesario para adquirir los vitraux. Para confeccionarlos se pidió consejo a Monseñor Esandi, obispo de Viedma, que aceptó la propuesta de representar episodios locales, vinculados a jesuitas y salesianos, como el martirio del P. Mascardi, la caída del caballo de Mons. Cagliero, el P. Milanesio catequizando a los indios.
La estructura de hormigón armado, con paramentos de piedra labrada y cubierta de pizarra negra, se alza imponente sobre la Av. Costanera, a orillas del Nahuel Huapi. A diferencia de la mayoría de las iglesias de la ciudad su planta no es rectangular, sino en forma de cruz latina, con nave central, 2 naves laterales y ábside. Su estilo neogótico, importado de Europa, se caracteriza por la presencia de arcos apuntados, vitrales y torre con aguja, entre otros. La obra quedó interrumpida durante muchos años, hasta que fue reformada en 1994 por los arquitectos José Orol y Martín Jerman, a pedido del obispo Mons. Frassia.
Se levantó el piso de cemento, se instaló un sistema de calefacción sueca de primera línea y se limpiaron los muros de piedra para dejar lucir a la piedra original, ideada por Bustillo. Los picapiedreros recrearon un ambiente medieval y utilizaron técnicas y herramientas de esa época. La estructura de hormigón armado de las columnas fue revestida con moldes prefabricados que se llenaron con mezcla de piedras originales de las usadas en la construcción del templo. Finalmente, a la hora de instalar la piedra que daría forma al altar, fue necesaria casi una hora para moverla 30 metros.
También con un estilo pintoresquita con caracteres neogóticos, típicos de una arquitectura europea, fue levantada la capilla San Eduardo, en el kilómetro 25 de la Av. Bustillo, aunque su construcción fue anterior a la de la Catedral.
Corría el año 1938 cuando fue inaugurado el hotel Llao-Llao, para responder a las demandas que exigía el fomento del turismo. Gracias a su elegancia y el maravilloso entorno natural, la zona se convirtió en una villa frecuentada asiduamente, lo que motivó a los directivos de Parques Nacionales a erigir una capilla. Así fue inaugurada San Eduardo, por donación de Juana G. De Devoto, en terrenos de Parques.
Se destaca su valor artístico, dado por las reproducciones de los vitrales realizadas por los artistas plásticos Forte y Vázquez Málaga. Una de las principales obras de Forte se deterioró con el tiempo y fue reemplazada por una réplica hecha por el Sr. Jerman, pero permanecen los característicos contrastes y formas con tendencia geométrica.
Desde 1973, además, ostenta un friso donado por Raúl Soldi "Retablo", que recrea escenas de la vida de San Eduardo. Construida en mampostería revestida con un basamento de piedra y troncos de ciprés que rodean toda la planta rectangular, con cubierta de tejuela de madera a dos aguas y torre con aguja, se alza imponente y en armónica relación con el entorno, en el camino al lujoso hotel.
Distinta es la historia de la capilla Nuestra Señora del Rosario, inaugurada en 1958 en Colonia Suiza, que no responde a un plan de Parques Nacionales, sino a una iniciativa de Celina Perè de Goye, que se contaba entre los primeros colonos de la zona. El terreno fue donado por los señores Lombardini, Storchi y Melo, y actualmente, por una confusa situación se encuentra dentro de los límites de una propiedad privada.
Se trata de una construcción singular, de dimensiones reducidas, con nave rectangular, ábside semicircular y techo a 2 aguas cubierto con tejuelas de ciprés. Un arco ojival de mampostería y una espadaña de madera a 60º son las notas características que jerarquizan el acceso a esta pintoresca capilla.
De esta manera culmina este breve recorrido por las iglesias más características de la zona, algunas por su historia e identificación con la vida ciudadana; otras por su destacada obra arquitectónica, enmarcadas en un proyecto de planificiación urbana, más que nacidas por el impulso del pueblo; pero todas con un valor propio y una forma singular de posibilitar la comunicación que los hombres buscan cuando se acercan a un templo.
www.arquitecturaandina.com.ar
Al realizar un recorrido por las iglesias de Bariloche pueden apreciarse distintas temperaturas de la relación del hombre con Dios mediatizadas por la arquitectura.
La Catedral se alza imponente sobre la Av. Costanera y atrae la atención de todos los turistas; aunque es en La Inmaculada Concepción, en Elflein y Beschdtedt, donde palpita el ritmo de la ciudad. Quizás se deba esto a que fue la primera iglesia católica construida en Bariloche, el 31 de diciembre de 1906 o probablemente sea porque posibilita un encuentro más íntimo, a través de la calidez de la madera y sus reducidas dimensiones.
Al pensar las iglesias sobre lo primero que hay que reflexionar es en función de quiénes y con qué espíritu fueron construidas, sólo después llega el turno de lo meramente arquitectónico. "Para mí un templo hoy tiene que ver con la nada; tendría que ser minimalista; porque el tema es invisible, está dentro del corazón de cada uno", expresa el arquitecto José Orol.
Y en esto radica la cuestión fundamental a la hora de pensar la construcción de una iglesia. Cómo se expresa lo sobrenatural: ¿a través del lujo o la magnificencia? o ¿recurriendo a la sencillez y a lo abstracto? La respuesta a esta pregunta y el contexto en el que se inscribió la obra contribuyen de manera esencial a la determinación del estilo del templo.
Un poco de historia
El P. Nicolás Mascardi fundó la primera misión en la zona del Nahuel Huapi, al levantar una modesta capilla en la Península Huemul, aproximadamente en 1670. Otros misioneros llegaron posteriormente, pero el rol decisivo en el establecimiento de la fe cristiana en esta zona fue desempeñado por el Padre Zacarías Genghini, impulsor de la construcción de la primera capilla de Bariloche.
En 1906 comenzaron las tareas, contratando la obra con Primo Capraro, pero diversos contratiempos demoraron la bendición de la piedra fundamental hasta el 27 de febrero de 1907. Finalmente la capilla de la Inmaculada Concepción estuvo lista el 17 de agosto de ese año y el 19 de abril del año siguiente fue bendecida oficialmente por el padre Domingo Milanesio, que por entonces estaba al frente de la casa de Junín de los Andes.
La capilla original no estaba en su actual emplazamiento, sino en la calle Moreno. En 1973 fue declarada Monumento Histórico y trasladada mediante rieles tendidos en la ladera hasta su ubicación actual. Originalmente sólo tenía una nave central, con techo a dos aguas; pero en 1951 se anexaron las naves laterales, con cubierta a una agua de poca pendiente.
Durante 1981 se le hicieron algunas reformas que afectaron fundamentalmente el aspecto de materiales y carpinterías originales. Los pisos interiores de madera fueron reemplazados por cerámica roja; las tejuelas de la fachada, de cabeza circular, dieron paso a tejuelas nuevas de cabeza triangular. Las carpinerías son de madera y la bóveda central, de cañón corrido machimbrado.
Situada en una loma rodeada por abundante vegetación y en un entorno tranquilo, invita desde un principio a la reflexión y posibilita un encuentro verdaderamente íntimo con la divinidad.
Muy distinta es la sensación que se produce al entrar a la Catedral, no sólo por su majestuosidad, sino también por su estratégica ubicación, en el circuito turístico de la ciudad. Promediando la década del '30 el objetivo del gobierno era impulsar el desarrollo turístico en Bariloche, tarea que fue llevada adelante por la Dirección de Parques Nacionales. Para esto fue necesario proveer a la zona de la infraestructura y los servicios necesarios, lo que llevó a la pequeña aldea de entonces al nivel de un centro turístico internacional.
Arquitectónicamente la escala fue modificada para construir obras de gran envergadura, incluso con características neo-góticas y neoclásicas, no identificadas totalmente con el entorno. Atrás quedaba la modesta imagen de entonces. "Un Bariloche con grandes hoteles, etc. y sin una iglesia -que nadie la hubiera hecho al menos por muchos años- estaba algo más allá de lo razonable. La pequeña capillita construida en madera por los salesianos, no podía ya satisfacer la fe de la población que crecía a ritmo acelerado" .
Así, E. Bustillo proyectó la construcción del Templo Mayor Nuestra Señora del Nahuel Huapi. Una comisión de damas estaba encargada de recaudar los fondos; aunque por la envergadura de la obra sólo se reunió lo necesario para adquirir los vitraux. Para confeccionarlos se pidió consejo a Monseñor Esandi, obispo de Viedma, que aceptó la propuesta de representar episodios locales, vinculados a jesuitas y salesianos, como el martirio del P. Mascardi, la caída del caballo de Mons. Cagliero, el P. Milanesio catequizando a los indios.
La estructura de hormigón armado, con paramentos de piedra labrada y cubierta de pizarra negra, se alza imponente sobre la Av. Costanera, a orillas del Nahuel Huapi. A diferencia de la mayoría de las iglesias de la ciudad su planta no es rectangular, sino en forma de cruz latina, con nave central, 2 naves laterales y ábside. Su estilo neogótico, importado de Europa, se caracteriza por la presencia de arcos apuntados, vitrales y torre con aguja, entre otros. La obra quedó interrumpida durante muchos años, hasta que fue reformada en 1994 por los arquitectos José Orol y Martín Jerman, a pedido del obispo Mons. Frassia.
Se levantó el piso de cemento, se instaló un sistema de calefacción sueca de primera línea y se limpiaron los muros de piedra para dejar lucir a la piedra original, ideada por Bustillo. Los picapiedreros recrearon un ambiente medieval y utilizaron técnicas y herramientas de esa época. La estructura de hormigón armado de las columnas fue revestida con moldes prefabricados que se llenaron con mezcla de piedras originales de las usadas en la construcción del templo. Finalmente, a la hora de instalar la piedra que daría forma al altar, fue necesaria casi una hora para moverla 30 metros.
También con un estilo pintoresquita con caracteres neogóticos, típicos de una arquitectura europea, fue levantada la capilla San Eduardo, en el kilómetro 25 de la Av. Bustillo, aunque su construcción fue anterior a la de la Catedral.
Corría el año 1938 cuando fue inaugurado el hotel Llao-Llao, para responder a las demandas que exigía el fomento del turismo. Gracias a su elegancia y el maravilloso entorno natural, la zona se convirtió en una villa frecuentada asiduamente, lo que motivó a los directivos de Parques Nacionales a erigir una capilla. Así fue inaugurada San Eduardo, por donación de Juana G. De Devoto, en terrenos de Parques.
Se destaca su valor artístico, dado por las reproducciones de los vitrales realizadas por los artistas plásticos Forte y Vázquez Málaga. Una de las principales obras de Forte se deterioró con el tiempo y fue reemplazada por una réplica hecha por el Sr. Jerman, pero permanecen los característicos contrastes y formas con tendencia geométrica.
Desde 1973, además, ostenta un friso donado por Raúl Soldi "Retablo", que recrea escenas de la vida de San Eduardo. Construida en mampostería revestida con un basamento de piedra y troncos de ciprés que rodean toda la planta rectangular, con cubierta de tejuela de madera a dos aguas y torre con aguja, se alza imponente y en armónica relación con el entorno, en el camino al lujoso hotel.
Distinta es la historia de la capilla Nuestra Señora del Rosario, inaugurada en 1958 en Colonia Suiza, que no responde a un plan de Parques Nacionales, sino a una iniciativa de Celina Perè de Goye, que se contaba entre los primeros colonos de la zona. El terreno fue donado por los señores Lombardini, Storchi y Melo, y actualmente, por una confusa situación se encuentra dentro de los límites de una propiedad privada.
Se trata de una construcción singular, de dimensiones reducidas, con nave rectangular, ábside semicircular y techo a 2 aguas cubierto con tejuelas de ciprés. Un arco ojival de mampostería y una espadaña de madera a 60º son las notas características que jerarquizan el acceso a esta pintoresca capilla.
De esta manera culmina este breve recorrido por las iglesias más características de la zona, algunas por su historia e identificación con la vida ciudadana; otras por su destacada obra arquitectónica, enmarcadas en un proyecto de planificiación urbana, más que nacidas por el impulso del pueblo; pero todas con un valor propio y una forma singular de posibilitar la comunicación que los hombres buscan cuando se acercan a un templo.
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